Tuesday, February 24, 2009

Modernidades de la educación actual.


El perfil del abusador o maltratador ha experimentado un cambio notable durante las últimas décadas. Si bien es un rasgo que anteriormente se asociaba a hombres de entre unos 35 a 45 años, la edad media del maltratador a descendido en la última década hasta la primera juventud y adolescencia (esto es, desde los 14 a los 21 años aproximadamente como media). Cada vez son más los casos de jóvenes que maltratan e incluso acaban con las vidas de sus parejas, sin mostrar en muchas ocasiones un ápice de remordimiento ante ello y siendo éstos, además, menores de edad. Estos datos enfatizan el hecho de que algo está fallando en la educación de nuestros jóvenes que, sobreprotegidos y mimados por las leyes que los amparan, se sienten superiores y creen con el derecho de imponer ante cualquiera su “santa voluntad”; sea un adulto, un anciano, un niño o un igual. Éste hecho, sumado al todavía permanente concepto machista de la mujer que sigue arraigado en nuestra sociedad, provoca situaciones de violencia de género entre los jóvenes de nuestra comunidad, muchas veces con resultados trágicos para la víctima y sus familiares.
-Tomado de un proyecto que estoy realizando sobre el maltrato entre adolescentes-

Cuando yo era pequeña, me sentía incapaz de levantar la voz a un adulto o a alguien sencillamente mayor uqe yo, porque el guantazo que podía llevarme sonaba descomunal. Tampoco se me pasaba por la cabeza que alguien que dice que me quiere pudiera pegarme; no, si un niño me pegaba era porque me llevaba mal con él, o porque se había metido conmigo o mis amigas y yo le había plantado cara. En el colegio, por muy imbécil que fuera el profesor, siempre le respetábamos (al menos delante suyo) porque al fin de cuentas era el que nos estaba enseñando y el que me iba a aprobar o suspender a final de curso, el que me ponía la nota e iba a determinar si repetía o no. En casa, por muy tontoq ue tuviera el día mi madre, aguantaba el chaparrón, aunque a veces fuera injusto. Con el tiempo aprendía protestar educadamente, pero la mayoría de las veces aprendí a callarme porque, para qué me voy a llevar mal con alguien que convives; es mejor callarte o expresar tu opinión entre dientes a recibir un sopapo.

Y hoy en día parece que estamos jugando al mundo al revés. Los adolescentes maltratan a sus padres, profesores, parejas e iguales sintiéndose todopoderosos gracias a las malditas leyes del menor. Oiga, me parece muy bien que se pene a quien pega un día sí y otro también a un niño o adolescente; pero siempre se ha sabido que una torta bien dada en su momento te previene de muchas cosas: faltas de respeto, agresiones, palabrotas, insultos... y hoy en día, un padre no puede ni hacer esto, porque el niño te levanta el dedo amenazador y te dice Te voy a denuciar si me pegas, cabrón.
Violan, pegan e incluso matan a sus compañeros homosexuales, compañeros de clase y parejas sentimentales cual Jack el Destripador porque claro, son menores, y lo peor que les puede pasar es que estén en un reformatorio hasta la mayoría de edad, y luego la cárcel un par de años (porque te sacan de ahí por buen comportamiento). Y lo cool que queda decir después Yo estuve en un reformatorio; como si fueran James Dean o algo (que por cierto, la mayoría no saben quién era éste actor, bendita inculticia).

Y mientras, los que intentamos enseñar algo de valores, algo positivo a estas futuras generaciones que algún día gobernarán el país en el que vivíamos; tenemos que aguantar chulerías y malas palabras en las clases porque al niñato de turno no le sale de los wevos estar calladito escuchando, o participar como es debido en la actividad. Si le instas a que se calle te dice que no le da la gana, y cuidadito con castigarlo que luego viene su padre y te mete cuatro ostias, o él mismo vaya.

Pero no, hay que luchar por los derechos del niño, hay que ser buenos con ellos, pobreticos. ¿Que le niño miente, insulta, chulea? Eso es porque en el colegio no lo enseñan bien, desgraciaos. ¿Que pega a su novia o a su amigo, que lo mata de una leche? La culpa seguro que era del otro, vamos, qué cojones; si el niño se quería follar a esa guarrilla de 14 años es por culpa de ella, no de la educación casera inexistente. ¿Que se pasa en el colegio? La culpa es del centro, que no saben controlarlo. Pero a mi hijo, ni una ostia, oiga.

Hace unos años, unos abanderados "padres modernos" decidieron luchar por las leyes del menos, por evitar que a los niños se les de un guantazo. Me gustaría ver a los maleducados de sus hijos hoy día, listillos.

Sunday, February 22, 2009

Calíope: Caminar sobre la nada.


- No serás capaz de hacerlo.
- Siempre has dudado de mí, ¿verdad?

Calíope sonríe pícaramente, y lo mira a los ojos. Ve el reflejo de la duda, un poco de temor, recelo e inseguridad. Sabe que no cree en ella, tal y como los demás.

Rememora tiempos pasados mientras el viento acaricia suavemente su cara y la invita a dar un paso más.

A los trece años falló las pruebas de ballet para entrar en una prestigiosa escuela sólo porque su madre pensaba que la pieza elegida no era adecuada. Ella sabía que sí lo era... pero con esa carencia de fe no le servía de nada. A los quince, suspendió adrede un importante examen de matemáticas simplemente por el placer de decepcionar a su profesor. Algo parecido hizo a los cinco años, cuando fingió no poder aprender a leer sólo para observar la frustración de su tutora, que no creía que una niña de apenas cinco años recién cumplidos pudiera leer un libro decente.

Nunca nadie había creído en ella, excepto su padre. Él fue quien trató de hacer despertar ese monstruo que ahora mamaba de sus propios pechos, lamía las aurículas y ventrículos de su corazón, anhelando sus pulsaciones. Él le puso por primera vez la mano en un bisturí para hacerla sentir el cortar de la carne humana. Él tuvo fe en ella cuando decidió hacer medicina. Sólo él.

Y ahora se había ido; la única persona que creía en ella se había marchado para siempre. Ya nadie iba a creer en ella nunca más...

El viento agitó su cabello y nubló sus ojos. Muy abajo, el ruido del tráfico taponaba los oídos de los transeúntes, ajenos al manto que cubría sus mentes.

- No hagas locuras, Nessa.

Calíope lo vuelve a mirar, y sólo ve a un extraño. Traga saliva, nerviosa, y se pregunta qué quiere probar... No tiene nada que demostrar a alguien que no cree en ella, que no cree en sí mismo... y de pronto lo ve.

En el edifico de enfrente, sonriente, extendiendo los brazos hacia ella. Oniros ríe divertido ante el espectáculo, pero ella no es ninguna actuación circense de la que se puedan reír. Se levanta con decisión y comienza a caminar hacia él. Camina, camina sobre la nada, sobre el aire, sobre las moléculas de oxígeno, nitrógeno, dióxido de carbono... Sobre las cabezas y las mentes de todos los habitantes de la ciudad. Sobre el hombre que ha dejado en la azotea tras de sí con la boca abierta, estupefacto. Con la tutora, el profesor de matemáticas, la profesora de baile, su madre...

Lo entiende. No necesita a nadie, a ningún ser vivo para hacer estos milagros. Sonríe. Sólo tiene que creer una persona: ella misma en sí.

Comienza a correr sobre el aire, a saltar, a reír y brincar. Al otro lado la espera un abrazo cálido que la hará soñar hasta la salida del sol con granos de arena y cristal.

Ya nada es imposible. Ahora está despierta el todo. Ahora puede volar.
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